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viernes, 13 de agosto de 2010

¿Quien no ha sentido algo así cuando ha visitado El Palmar?

El Palmar, en Cádiz, tiene algo que magnetiza. Quien ya lo conoce lo sabe muy bien. Y ese magnetismo no reside únicamente en sus kilómetros y kilómetros de playa de arena blanca y dunas vírgenes. O en esos atardeceres que te quitan el hipo y que son un auténtico regalo del mar y del cielo durante todos los días del año. Con eso, sin duda, sería suficiente. Pero es que además, El Palmar tiene una gran magia: la de no parecerse en nada a uno de esos lugares que secretamente a voces, se dice, que están de moda.

Es ese no tener nada con lo que compararse, lo que ha convertido a la Playa del Palmar es una de las playas más emblemáticas de nuestro país, con miles y miles de personas que la admiran, la defienden y la reivindican a través de las redes sociales. Porque en El Palmar,  lo que tienes es campo abierto, horizontes limpios cielos estrellados, rebaños de vacas retintas, casas de toda la vida, atendidas por lugareños y no por empresarios...En El Palmar lo que no encontrarás son macrodiscotecas, ni calles repletas de negocios de moda, ni playas asediadas de chiringuitos, sombrillas y toallas. Por no encontrar, no hallarás ni un solo bloque de apartamentos a la vista, ni febriles neones nocturnos, ni ostentación de riqueza barata o desfiles de modelos pétreos e inalcanzables.

Nada de eso. Esto es Cádiz. Esto es El Palmar. Aquí, la magia es una playa inmensa donde conviven una joven pareja de novios, con un grupo que practica el yoga, con una pandilla de surfistas que otean el horizonte en busca de esa ola perfecta, con la familia de Cádiz que ha preparado un gazpacho de muerte al que además te invita, con el matrimonio alemán de jubilados que práctica el nudismo, con el grupo de hippies que toca los bongos, o con la pandilla gay que ha montado su propio chill out con esos pareos tan divinos.

Aquí, lo que encuentras es libertad. Ese "buen rollo" y tolerancia que hacen que esta zona de Cádiz se convierta en única. Donde uno puedo mostrarse así mismo sin máscaras, sin artificios, sin códigos, sin reglas... Y lo que recoges de fuera, siempre, es alegría. Por eso, El Palmar es hoy en día uno de los destinos favoritos de la gente que ama la naturalidad y que busca un concepto de turismo mucho más alternativo y sostenible. Porque en El Palmar uno puede ser lo que es, por derecho propio y en estado puro. Y respirar, junto al resto de los habitantes y visitantes, de esa convivencia alegre, tolerante y pacifica a la que aspiramos todos.

NO PODEMOS PERDERLO. SI LOS PÓLITICOS, ÁVIDOS DE NEGOCIO, SON MIOPES... NOSOTROS, LOS CIUDADANOS, NO LO SOMOS. DIGAMOS ALTO Y CLARO "NO" A ESE PELOTAZO URBANÍSTICO QUE QUIERE ROBARLE SU IDENTIDAD. HAY QUE SALVAR EL PALMAR.

By Belén Rejón Mayoral

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